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Cirugía de cáncer colorrectal

Cáncer colorrectal. Esas son dos palabras que nadie quiere escuchar. Según la American Cancer Society, el cáncer colorrectal es el tercer tipo de cáncer más frecuente en los Estados Unidos; solo en 2013 se diagnosticaron casi 102.480 nuevos casos de la enfermedad. Afortunadamente, la tasa de mortalidad por cáncer colorrectal ha ido disminuyendo durante más de 20 años gracias a exámenes de detección temprana y mejores tratamientos.

Las pruebas para diagnosticar el cáncer colorrectal son necesarias cuando los resultados de un examen de detección indican alguna anormalidad o la presencia de síntomas de la enfermedad, como un cambio en los hábitos intestinales, dolor abdominal, debilidad, sangrado rectal o sangre en las heces.

El diagnóstico puede comenzar con una historia clínica completa y un examen físico. También pueden ser necesarias pruebas endoscópicas para verificar la presencia de pólipos colorrectales, incluyendo una sigmoidoscopia o colonoscopia (procedimientos utilizados para ver el interior del colon y el recto), y pruebas imagenológicas como un enema de bario, enema de bario de doble contraste o colonoscopia virtual. Para confirmar el diagnóstico de cáncer colorrectal, se realiza una biopsia de cualquier tejido de aspecto anormal que se extirpe durante una colonoscopia.

Es posible que se requieran otros exámenes imagenológicos para determinar si un área sospechosa es cancerosa, saber si el cáncer se diseminó o averiguar si el tratamiento ha sido eficaz. Estas pruebas incluyen tomografía computarizada, ecografía, resonancia magnética, tomografía por emisión de positrones y angiografía.

Una vez que se diagnostica cáncer colorrectal, el tratamiento se determina en función del estadio y el tipo de cáncer, la extensión de su propagación, la salud general, los efectos secundarios del tratamiento y el pronóstico a largo plazo. La cirugía generalmente se recomienda para el cáncer de colon en estadio temprano. El procedimiento requiere la extirpación de parte del colon y los ganglios linfáticos cercanos. Algunos tumores en estadio 0 o estadio 1 temprano se pueden extirpar extrayendo la base del pólipo o el cáncer superficial y una pequeña área del tejido circundante.

El cáncer colorrectal también se puede tratar con tres tipos diferentes de radioterapia, donde se utilizan rayos o partículas de alta energía para destruir las células cancerosas.

  • La radioterapia de haz externo enfoca la radiación en el cáncer desde fuera del cuerpo;
  • la radioterapia endocavitaria administra radiación a través de un dispositivo portátil colocado en el ano; y
  • la radioterapia interna (braquiterapia) implica colocar pequeños gránulos de material radiactivo junto al cáncer o directamente en él.

La quimioterapia, que implica la administración de medicamentos ya sea en una vena o por vía oral, también puede ser parte de un plan de tratamiento del cáncer colorrectal. La quimioterapia neoadyuvante se puede administrar junto con radiación antes de la cirugía para tratar de reducir algunos cánceres rectales. La quimioterapia adyuvante se administra después de la cirugía en caso de que el cáncer vuelva.

Es importante hablar con tu médico sobre los posibles efectos secundarios del tratamiento. La mayoría de los efectos secundarios deben disminuir después del tratamiento, pero se pueden tomar medidas para reducirlos o aliviarlos.

Para obtener más información sobre el diagnóstico y tratamiento del cáncer colorrectal, habla con tu médico o visita el sitio web de la American Cancer Society en www.cancer.org.

 

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